"Noche calurosa, nevada y mágica de Madinat Al-Zahra" de Dolores de la Cámara González

El espíritu de ella paseaba por su antigua Madinat Al-Zahra, aquella que llevaba su nombre y fundada por su Califa.
Buscaba a alguna otra mujer, digna de poseer la joya que le fue regalada por su gran Amor Abderramán III. Azahara sentía la necesidad de que alguna mujer cordobesa enamorada, heredara además de la cultura, aquella hermosa joya, símbolo de su Amor.
Y así de ese modo...su espíritu vagaba por las noches, junto con el de Abderramán. Sin embargo, él prestaba atención a otros menesteres; a la evolución de las obras del Gran Salón, a la hermosa Biblioteca que aun no permaneciendo en pie, para él permanecía allí. ¡Oh...era la más grande!, se sentía orgulloso de lo que habían conseguido tras varias generaciones d; cultura, medicina, filosofía, teología, matemáticas. Jamás hizo distinción alguna en sus autores, por tener diferentes creencias religiosas, lo único que le importaba era el conocimiento. Aquella Biblioteca... fue la más voluminosa y grandiosa de toda Europa.
Por eso durante dos horas se alejaba de su Amor Azahara, para vigilar la que había sido su hermosa ciudad.
Mientras tanto, Abderramán III cansado ya de tanta vigilia fue al lado de su Amada.
- Amor mío, ella es la merecedora de la joya. Dijo Azahara.
- Es tuya Querida mía, tú decides.
Ambos se cogieron de la mano, y una gran piedra engarzada en una hermosa pulsera de oro de delicada filigrana cordobesa, apareció en la muñeca de aquella joven.
De pronto, el móvil sonó, cuando tan solo hacía apenas cinco minutos lo había mirado para comprobar que no tenía cobertura, la voz de su amado le informó que volvía a la Base de Cerro Muriano, no aguantaba más para pedirle la unión eterna.
La chica joven y nuestra pareja de enamorados sonrieron.
- Ahora Amor mío, descansaremos juntos. Ya no hay necesidad de volver más, dijo Zahara.
Abderramán, se giró para contemplar su hermosa ciudad, llena de visitantes. Comenzaba a cobrar vida nuevamente. Y su alma brilló de felicidad.
- Cierto. Está bien custodiada por el Amor de los cordobeses.
Sus espíritus se fueron degradando junto al paisaje, y aquellos hermosos almendros, comenzaron a florecer en verano.
Por primera vez, aunque no por última, parecía nevar durante esa calurosa y dulce noche de verano.